domingo, 15 de enero de 2017

Película NERUDA: Puedo escribir los versos más tristes esta noche.




Cuando Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura pronunció un bello discurso donde  cuenta pormenores de su fuga clandestina:
Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros límites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta.

Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata -eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando más bien el derrotero de mi propia libertad.” (1)

Es, precisamente, esa fuga, la secuencia más preciosa de la película de Pablo Larraín. El director traduce en imágenes el discurso Nobel de Neruda. Como si el poeta llevara el Iphone 7 en aquella fuga mítica, donde se jugaba la vida pues los sabuesos del poder le pisaban los talones.
Es el artista enfrentado la burocracia. Es la poesía ubicada al lado de las víctimas. Es el poema número 20 convertido en un manifiesto subversivo.
A los Nerudianos históricos, probablemente les moleste que Larraìn se haya atrevido a realizar una “antibiografia”. Dice el director al respecto:
Puedo decirte en este preciso instante que no tengo idea de quién era porque Neruda es inasible; es imposible encasillarlo. Puedes hacer 100 películas y nunca podrías lograrlo. Y cuando uno entiende eso gana una enorme libertad. Por eso decimos que esta es una película “nerudiana” porque para nosotros, en mi país y en mi idioma, Neruda fue un hombre que creó un microcosmos de una complejidad extrema y profunda (2)

El Neruda de Larrain, no es un biopic. Retrata un momento en la vida de un poeta que ejerce la política y de un político que escribe poesía. Y la escribe  a toda hora: en los burdeles, mientras se emborracha, mientras lo persiguen, mientras atraviesa los Andes congelados. El mayor acierto de Larraín es la paleta de colores. Un delicioso ejercicio de cine negro para contarnos el espíritu de un hombre que le cantó al amor y al pueblo raso. Y una banda sonora que te deja, literalmente, frío, cuando nuestro héroe cruza la frontera de Chile con Argentina. A 20 grados bajo cero.