viernes, 5 de enero de 2018

Armero: sin gestión del riesgo.

Por: Alberto Ramos Garbiras (*) y Ernesto Pino Londoño (**)

Desde noviembre 13 de 1985, la palabra Armero se convirtió para los colombianos en sinónimo de tragedia. Una rápida revisión a estos hechos nefastos de la naturaleza, así lo demuestran: Terremoto de Tunjuelo (año 1644); Terremoto en el Virreinato de Nueva Granada (año de 1785); El terremoto de Cúcuta (año 1875); El terremoto de Tumaco ( año de 1979); Terremoto de Popayán (año de 1983); La tragedia de Villatina (año de 1987); La sequía o “apagón de Gaviria” (año de 1992); El terremoto de Armenia (año de 1999); La tragedia de Girón (año de 2005); La tragedia de Belalcázar (año de 2008); La temporada invernal en Colombia (años de 2010 y 2011); La tragedia de Salgar (año 2015); Tragedia de Mocoa (2017).

La tragedia de Armero: Ocurrió el 13 de noviembre de 1985, cuando aproximadamente a las 11:30 pm, una avalancha del río Lagunilla, ocasionada por la erupción del cráter Arenas del volcán Nevado del Ruiz, borró del mapa a la población de Armero, y dejó un saldo aproximado de unos 25.000 muertos, 20.611 damnificados y heridos, muchos de ellos mutilados y gravemente afectados psicológicamente, e incalculables pérdidas económicas. Ha sido la tragedia de mayor magnitud en la historia de Colombia.

La temprana mañana de ese luctuoso día las noticias de los medios de comunicación dejaron aterrado a todo el mundo: un aviador de Venadillo,Leopoldo,desde una avioneta de fumigación, quien madrugó a realizar su oficio en los ricos prados algodoneros y arroceros del Tolima, vio esa imagen terrible de la catástrofe cuando sobrevoló el municipio de Armero y solo encontró un valle desolado por el barro y algunas construcciones derruidas que en efecto probaban que allí en ese sitio había existido hasta el día anterior una ciudad.
Es tan alto el significado de la tragedia de Armero y especialmente las enseñanzas que le deja a los colombianos de todas las edades, que cualquier argumento cinematográfico serviría para contarla: aquí se utiliza uno muy usual, sobre el cual gira la película hasta el final desastroso, como es el de una pareja joven que no puede tener hijos y hace lo que puede para tenerlos. Una estilista y un mecánico, que es también recolector de algodón y que sirven de muestra a la sociología propia de las poblaciones pequeñas de Colombia, en donde se mezclan la picardía, la amistad, los secretos, las premoniciones, la solidaridad y las necesidades cotidianas de los parroquianos.

Lo que realmente la hace importante es el mensaje nacional sobre varios hechos relevantes de lo que representa una tragedia ocasionada por la naturaleza en nuestra idiosincrasia colombiana y que se ven en la cinta y también de aquellas circunstancias de la época que no aparecen. Si se fijan posteriormente, si falla cualquiera de estos, es muy difícil dar manejo a los excesos peligrosos de la naturaleza afectada antrópicamente por varios factores que la alteran, llámense terremotos, avalanchas, inundaciones, sequias, derrumbes, vendavales, tormentas eléctricas, incendios, explosiones, etc.


Los políticos, incluidos el alcalde, senadores, representantes a la cámara, fueron culpables todos por su negligencia criminal: Desde octubre de 1984 se había advertido de una eventual erupción, cuando se presentaron fumarolas en el volcán nevado del Ruiz, clara evidencia de lo que se gestaba. Fue una tragedia anunciada, que sirvió para que la toma del Palacio de Justicia, ocurrida la semana anterior, el 6 de noviembre, pasara a un segundo plano en las noticias. En la película, los políticos de mayor jerarquía pronunciaron frases destempladas y cínicas, cuando conversan todos ellos después de que el político sensato presenta el informe de técnicos extranjeros quienes hicieron el seguimiento a la evolución del volcán, durante 10 meses. Durante un año el volcán se expresó, dio muestras, indicios y señales para haber logrado detectar la erupción, la clase política con poder e incidencia en la zona, desde Bogotá, negaron la evacuación por el cálculo mezquino de no arriesgar las inversiones agrícolas ni el valor de las cosechas próximas.

Se muestra la instalación de una estación sismológica y un grupo de expertos trata de tomar precauciones y establecer alertas, pero con falta de continuidad y seguimiento apropiado. Y elaboraron un mapa de riesgos, pero no tenían expertos en conocimiento y reducción del riesgo. Desde 1845 no presentaba este comportamiento el volcán Nevado del Ruiz. Colombia estaba lejos todavía de poseer una legislación sobre riesgos y desastres. Había un vacío normativo por lo tanto una ausencia de regulación del riesgo y por ende de previsión y certeza científica para tomar decisiones.

 En otros países desde antes de 1985 ya funcionaba la relación desastres y derecho. En Colombia después del desastre de Armero solo 3 años después se expide la Ley 46 de 1988 para atender eventos similares, nacieron los CLOPAD y se aumentó el socorrismo , fortaleciéndose la Defensa Civil, La Cruz Roja, los bomberos, los Boy Scouts; pero resultó ser una legislación asistencialista y samaritana con ausencia de cientificidad para el conocimiento del riesgo; la reducción y la previsión quedó anclada en la atención de los desastres, hasta que en el año 2012, luego del desastre diluvial del fenómeno climatológico “la niña” del 2010/ 2011 que inundó la mitad del país se expidió la Ley 1523 que creó el sistema nacional de gestión del riesgo y se fundó la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres UNGRD , con una capacidad económica para actuar inmediatamente y con la estructuración de una planta de expertos y científicos que  han atendido eficientemente desastres como el de Salgar y el de Mocoa,  han previsto y evitado otros desastres por deterioros que se han controlado y reducido, pero nos falta mucho. Este sistema de instituciones y de actuaciones debe vincularse al Sistema nacional ambiental, aunque en algunas corporaciones autónomas  aún no han entendido como se debe actuar porque tampoco aplican las reglas de adecuación al cambio climático, así, sin protección de los ecosistemas terrestres y  acuáticos, sin atender las instrucciones del SISCLIMA, las medidas adoptadas por el Ministerio del Medio Ambiente, y las recomendaciones de la ONU tomadas en el COP 21 de París, dan palos de ciego al no adoptar medidas serias y complementarias con otras autoridades, falta de rigor científico y celos por la rapiña contractual solo aplicable a sus departamentos pero sin priorizarla, saltándose la adecuación necesaria al cambio climático .


El género cinematográfico con el que se puede clasificar esta película es el de catástrofe con un alto componente de cine ambiental, pero la realización se desvía al género dramático/familiar. Christian Mantilla se apoya básicamente en actores principiantes y actores naturales, y acude a unos pocos actores profesionales como Alejandro Buenaventura, Humberto Arango, Mauricio Figueroa, Nórida Rodríguez, para breves apariciones. Armero es una película de bajo presupuesto, realizada con austeridad y decoro, pero no impacta y se pierden recursos que se hubiesen podido utilizar como los archivos fílmicos, tomas de la tragedia de corresponsales nacionales y extranjeros e imágenes de archivo de los noticieros, pudiendo realizar una fusión entre el cine argumental y el documental, que algunos directores de cine ejecutan para lograr más realismo. Digamos que es una película de época, pero ello no quiere decir que narrada en tiempo posterior o presente (bajo la investigación de la estudiante), no se pueda hacer énfasis en lo que hoy significa la gestión del riesgo.


Esta película tiene problemas en la narración, se diluye casi en la primera mitad del metraje al detenerse demasiado mostrando el acercamiento, enamoramiento y aspectos personales de la pareja protagonista(Omaira y Ramiro), y en los aspectos que muestran los intentos, el esfuerzo de ella para poder quedar en embarazo, se realizan escenas con una hechicera que la lleva a un acto chapucero de purificación y a la prescripción de un “medicamento”, un brebaje que la deteriora después; y escenas de Ramiro(Benjamín Herrera) como recolector de algodón en jornadas agotadoras; la pareja quiere procrear pero el director se extiende en esos detalles, eso está bien, pero se sale del tema central: el desastre. El director trató de armar un eje narrativo para llevar el filme desde la óptica de la pareja, pero se extendió y diluyó en los detalles intimistas/familiares, perdiendo tiempo para avanzar en una película de catástrofe que es un género serio y complejo como lo hemos visto en películas de corte internacional, para citar unas pocas, Terremoto, infierno en la torre, Un día después, Lo imposible, la luz del día, Armagedón, Impacto profundo, el Núcleo, Terremoto: la falla de San Andrés, Volcano, Avalancha, y otras; en todas hay una familia central, un drama sentimental por los allegados y un rescate angustioso, en cambio, esta película colombiana se ralentiza o lentifica la acción, quedando con muchos planos sin vigor.

La ignorancia de la comunidad: Quizás es el peor factor negativo de la tragedia, pero más bien como consecuencia y no como causa de la misma. La rutina y la ignorancia de la gente de los pueblos les genera una confianza peligrosa, como bien se muestra en las escenas del billar del pueblo y en la creencia de que el volcán estaba muy retirado de Armero. No fue suficiente que en el día trágico, cayera sobre Armero un manto descomunal de ceniza sobre las calles y todas las construcciones e incluso sobre los sembradíos de algodón. Ni siquiera Petra, la bruja del pueblo pudo vaticinar la desventura, pues como cosa rara la gente del pueblo nunca hace consultas sobre las desgracias que puede ocasionar la naturaleza, no hace parte de su lógica primaria de vida. El sacerdote inmerso en su mundo religioso y con limitaciones cognitivas para entender los contenidos de las ciencias naturales, sin conocimiento se apoya en su fé teológica; pudiendo salvar muchas vidas hace todo lo contrario y tranquiliza a los feligreses, pero él si huye hacia Ibagué.

Mensaje final: Si usted amigo lector hace una simple y rápida reflexión con esta educativa película, debería exigir en su territorio que exista un plan municipal de gestión del riesgo y una estrategia de respuesta a las emergencias como condición fundamental para que estas tragedias no ocurran, o de producirse no tengan mayores consecuencias negativas. Véala en familia y difúndala con sus vecinos. Seria además un buen ejemplo de cultura ciudadana como prevención de los desastres en Colombia.

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 (*) Fue columnista de cine del periódico El País durante 10 años; realizó estudios de historia del cine en Suecia y edición cinematográfica en España), becado por FOCINE y el ICETEX-.


(**) Economista, con especialización en marketing social . Presidente del CPE Centro de Pensamiento Democracia y Postconflicto. Coautor de otros artículos de cine, como “Todos tus muertos” , “el soborno del cielo”, “La mujer del animal”, publicados en el semanario Caja de Herramientas.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Mis mejores peliculas del 2017



1.   Yo Daniel Blake. Director: Ken Loach. Un poco tarde nos llegó la segunda Palma de Oro del viejito Loach. Una certera lectura del sistema de salud que, en este caso es Gran Bretaña, pero que podría ser de cualquier parte del mundo. Daniel Blake es el peón de brega en el mundo perfecto dominado por las corporaciones, el estado como depredador de sus ciudadanos. Y Mr. Loach, con 81 añitos a cuestas sigue azotando a los políticos británicos. No olvidemos que al morir Margaret Thatcher , la suya fue la propuesta mas sensata: “Privaticemos el funeral, pedimos tres cotizaciones y elegimos la más barata. Es lo que ella habría deseado”. 
        
2.  Mudbound: La directora negra Dee Rees se ha basado en la novela homónima de Hillary Jordan. Una mirada seca al barro del racismo de la América divida (apenas terminada la segunda guerra mundial). El soldado negro que combatió a los nazis regresa a su tierra  y encuentra un lodazal.
3.  Loving Vincent: Cuatro largometrajes anteriores nos habían contado la vida del holandés errante: El loco del pelo rojo ( 1956  Vincente Minnelli), Vincent  and Theo ( 1990 Robert Altman) , Van Gogh (1991 Maurice Pialat) y Sueños ( 1990 Akira Kurosawa).  Pero ahora desde Polonia, los directores Dorota Kobiela y Hugh Welchman se proponen animar los legendarios óleos de Van Gogh. Hay vida y color con la rotoscopia.
4.  El joven Karl Marx. Alemania. Director: Raoul Peck
5.  Dunkerque. Gran Bretaña-USA. Christopher Nolan
6.  Lady Macbeth. Gran Bretaña William Oldroyd
7.  Trespass agains us. Gran Bretaña Adam Smith
8.  Frantz. Francia. François Ozon
9.  El viaje. Gran Bretaña. Nick Hamm
10.              El estudiante. Rusia Kirill Serebrennikov
11.              Madre!! USA. Darren Aronofsky
12.              Tanna. Australia . Bentley Dean, Martin Butler
13.              Detroit. USA Kathryn Bigelow
14.              La mujer del animal. Colombia. Víctor Gaviria
15.              Operacion antropoide. Gran Bretaña Sean Ellis
16.              Primero mataron a mi padre. Camboya /USA Angelina Jolie
17.              El otro lado de la esperanza. Finlandia. Aki Kaurismaki
18.              La confesión. Italia. Roberto Andó
19.              Rodin. Francia Jacques Doillon
20.              Locas de alegría. Italia Paolo Virzì

DOCUMENTALES
En la No-ficción se estrenaron los documentales colombianos que atraparon el proceso de Paz. Quedan para la posteridad los testimonios y la dialéctica de un proceso fallido. Si bien el proceso de Paz fracasó, al menos en el cine triunfó, el cine nos dió esperanzas, nos permitió soñar un país. Cuando el arte le gana a la realidad. Paradojas de la vida.
1.   El silencio de los fusiles. Colombia. Nathalia Orozco
2.   El fin de una guerra. Gran Bretaña/Colombia. Marc Silver
3.   I Am Not Your Negro. USA Raoul Peck
4.   La cazadora de águilas. USA /Mongolia. Otto Bell
5.   Hitchcock Truffaut USA Kent Jones
6.   Maplethorpe: Look at the Pictures. USA .Fenton Bailey, Randy Barbato
7.   Homeland (Iraq Year Zero) Irak. Abbas Fahdel
8.   Fuego en el mar .Italia. Gianfranco Rosi
9.   Heart of a Dog USA Laurie Anderson
10.              Joe Cocker: Mad Dog with Soul. Gran Bretaña John Edginton

lunes, 2 de octubre de 2017

El fin de la guerra: un año después del plebiscito


 "Al principio, en la pequeña horda humana, la mayor fuerza muscular era la que decidía a quién debía pertenecer alguna cosa o la voluntad de quién debía llevarse a cabo. Al poco tiempo la fuerza muscular fue reforzada y sustituida por el empleo de herramientas: triunfó aquel que poseía las mejores armas o que sabía emplearlas con mayor habilidad. Con la adopción de las armas, la superioridad intelectual ya comienza a ocupar la plaza de la fuerza muscular bruta, pero el objetivo final de la lucha sigue siendo el mismo: por el daño que se le inflige o por la aniquilación de sus fuerzas, una de las partes contendientes ha de ser obligada a abandonar sus pretensiones o su oposición” (1)

Cero y van dos. El segundo documental sobre el proceso de paz colombiano se estrenó un año después del “Oscuro animal” plebiscitario. Es inevitable comparar “ El silencio de los fusiles” con “El fin de la guerra”. Y será inevitable comparar los tres cuando se estrene el de Margarita Martínez. Porque tienen el mismo punto de partida. Tienen casi los mismos protagonistas. Lo paradójico es que el  primero es realizado por la periodista Natalia Orozco pero se convierte en un documental de creación y el segundo filmado por el cineasta inglés Marc Silver pero tiene más cara de reportaje. 

De hecho, el protagonista absoluto de “El fin de la guerra” es el reportero Jorge Enrique Botero, uno de los comunicadores a quien en tiempos de la seguridad democrática le clavaron la frase lapidaria: “se escuda en su condición de periodista para ser permisivo cómplice del terrorismo”.

Botero es el eje narrativo por el que pasa el Proceso de Paz. Tiene acceso a toda la gente involucrada: a los derechos y a los izquierdos, a los extremos y a los menos extremos. Por lo tanto, vemos lo que ve Botero. Y el director nos pone en el papel de reportería diaria: el espectador se convierte en el periodista cotidiano que olfatea noticias desde que se levanta hasta que se acuesta.

Si la disposición a la guerra es un producto del instinto de destrucción, lo más fácil será apelar al antagonista de ese instinto: al Eros. Todo lo que establezca vínculos afectivos entre los hombres debe actuar contra la guerra. Estos vínculos pueden ser de dos clases. Primero, los lazos análogos a los que nos ligan a los objetos del amor, aunque desprovistos de fines sexuales. El psicoanálisis no precisa avergonzarse de hablar aquí de amor, pues la religión dice también “ama al prójimo como a ti mismo”. Esto es fácil exigirlo, pero difícil cumplirlo. La otra forma de vinculación afectiva es la que se realiza por identificación. Cuando establece importantes elementos comunes entre los hombres, despierta tales sentimientos de comunidad, identificaciones. Sobre ellas se funda en gran parte la estructura de la sociedad humana.”(2)

Hay un plano que llama la atención: Juan Manuel Santos presenta muy orgulloso la fecha de 23 de marzo de 2016 como el fin definitivo de la guerra. Un anuncio trascendental después de 52 años de bala corrida. Al lado derecho sonríe Germán Vargas Lleras y al lado izquierdo muy inmarcesible posa Mauricio Lizcano. Un año después, ese plano adquiere un significado diferente. Los otrora alfiles del proceso de Paz son ahora enemigos declarados del mismo. Salieron del clóset hace apenas un mes, pero el documental nos recuerda que comieron del plato mientras les convino.

De allí,que a uno le queda el sabor amargo de todo lo que tuvo que sortear el proceso: traiciones, posverdades, verdades a medias, mentiras rampantes, puñaladas traperas… Al final , el sancocho nacional es tal cual lo retrata Marc Silver: una tragedia Shakesperiana en el corazón del trópico.
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Las citas pertenecen a la carta de Freud a Einstein “Porqué la guerra”?

viernes, 22 de septiembre de 2017

El caso Jhonny Silva: sucedió un 22 de Septiembre

En el Centro Cultural Comfenalco, William Ospina  remataba  un taller de cuatro noches.  Víctor Gaviria, quien iniciaba Taller al otro día, había adelantado el viaje para encontrarse  con el  poeta y discutir un proyecto conjunto que se llamaría “Sangre Negra”, inspirado en el legendario guerrillero Liberal.
Justo a las 7 de la noche de aquel jueves 22 de Septiembre del 2005, mientras repartíamos el refrigerio, llegó la noticia de la muerte de un estudiante en la Universidad del Valle. 

Quien lo mató?  Exactamente en dónde? Dentro de la U o afuera? Cómo se llamaba el muerto?

También por ahí surgen gritos y susurros: algo debió estar haciendo, quien sabe en que andaba, seguro tenia culebras...

Al retomar, Ospina habló de  los crímenes de Estado y de la autonomía universitaria. Con Víctor recordamos aquel minicuento  llamado “Amenazas”:
-          Te devoraré - dijo la pantera
-          Peor para ti - dijo la espada
Al día siguiente madrugué  al kiosko del Teatro San Fernando a comprar los periódicos. La noticia  escueta, hablaba de “confusos hechos “ donde murió el estudiante de Química Johnny Silva Aranguren de 21 años de edad.
La noche del 23 de Septiembre discutimos el hecho con Victor: “El documental puede lograr eso- dijo- darle rostro real a las víctimas
Vino luego todo el proceso de investigar quién era el muchacho, donde vivía, quienes eran sus amigos, quienes eran sus padres y así, el minicuento de Ospina fue tomando forma hasta convertirse en la cita que abriría el documental y de donde sacaríamos el título.

“Una muerte es una tragedia, mil muertes son una estadística”- esa  frase manida nunca tuvo tanta vigencia. Cali es una de las ciudades más violentas de Latinoamérica. Ahora que, por fin, un juez ha reconocido que lo mató el ESMAD, va el documental completo:

jueves, 27 de julio de 2017

El encuadre Godardiano

EL ENCUADRE
Razón tiene mi gran amigo Juan Luis Godard cuando afirma : "El encuadre refleja siempre un asunto ideológico". Aquí la prueba viviente, hoy, en la marcha chavista en Venezuela. Julio 27 de 2017.
Sobra decir cual encuadre es de un opositor y cual es de un chavista.

viernes, 21 de julio de 2017

EL SILENCIO DE LOS FUSILES O EL SILENCIO DE LOS INOCENTES

Se llega al teatro de Cine Colombia preguntando por El silencio de los fusiles. ¿Un documental? Y además ¿Colombiano? Y, además,  ¿sobre la guerrilla? ¿Ni siquiera merece un afiche con lo barato que esta la impresión en gran formato? ¿Un trailercito al lado de Transformers,  Spider man y demás obras maestras?

Hace poco, un crítico nos hacía caer en  la cuenta, que la guerrilla colombiana (la más veterana del mundo) no había sido suficientemente documentada en el cine. En ensayo y ficción literaria, en cambio, hay abundante material.
Unas veces caricaturizada por cineastas extranjeros despistados. Otras veces pintada como la responsable de todos nuestros males por los noticieros apéndices de multinacionales. Es cierto que hace falta una mirada desprevenida, amoral si se quiere, que entienda y contextualice el fenómeno desde todas sus aristas.

Por eso el documental de Nathalia Orozco llega en el momento indicado. Le da dimensión al momento histórico que vive Colombia: el proceso de paz arregló las cosas por las buenas.

II

Uno siempre quiere saber quién dirige las películas.  Y, ese el  mejor punto de partida. Lo hace una mirada fresca. No digamos imparcial, que en lenguaje cinematográfico quiere decir “aquel que quiere quedar bien con todo el mundo”. De manera que, de entrada, el espectador agradece que el montaje no sea de propaganda al estilo Leni Riefenstahl.
Por ello creo que la película no gustará a ningún extremo. Un viejo amigo de izquierda clásica me avisa que no irá a verla porque sospecha que será la versión fílmica “de la humillación del pueblo ante la oligarquía” y supone que para verla “hay que llevar rodilleras”.
Otro tanto opinan los traque-cristianos: que se le entregó el país a la guacherna. Es decir que de extremo a extremo se habla de claudicación y entrega.


III
Por supuesto que la realizadora no es objetiva. Toda la vida nos engañaron con esa palabreja solo para demostrarnos que la famosa objetividad es para ver las cosas desde el poder, para escribir la historia a la manera de los dueños de la tierra. Porque, además, el documental no pretende adoctrinar, ni lanzar verdades lacónicas. Más bien pone a hablar a los guerreros. Tanto a los guerreros de tiro limpio como a los que hacen la guerra desde la comodidad de un escritorio. Juan Manuel Santos, por representar a toda una casta gobernante secular, era el más indicado para sentarse a dialogar. Santos desciende de los que nos metieron en esta pelotera absurda.

IV

El montaje nos cuenta el proceso de Paz con sus secretos, idas y venidas y con sus grietas. Una especie de relación de pareja donde se arranca con desconfianza, luego se sueña la felicidad, se cae en una traición… Una relación de amor–odio en arenas movedizas. “Cuando más te mueves más te hundes” – aclara un entrevistado.
El silencio de los fusiles es pues, una crónica fascinante. Un día a día de dos enemigos que se odiaron toda la vida pero que se van a respetar. Toda guerra deshumaniza al enemigo. Al quitarle la humanidad tú lo puedes aniquilar sin muchas culpas. Y en una mesa de diálogo se habla con argumentos, con ideas, con lenguaje y se humaniza el encuentro. Lo que queda claro del documental de Orozco es que siempre será mejor acabar una guerra que atizarla y que los alzados en armas son, ante todo, víctimas.  Y creo que ahí es donde radica la fuerza del montaje.
Hasta los torturadores de la guerrillera Camila Cienfuegos son víctimas: “No los vi con odio, sino con compasión”- dice Camila.

V

Sorprende, que en los créditos, aparezca RCN. Igual sorpresa sucedió cuando en los créditos de El abrazo de la serpiente aparecía Dago García. Pero entonces uno concluye que, en el fondo, si saben por dónde es la cosa pero que se comportan como las majors de Hollywood que tienen una producción para el gran público y otra de Arte y ensayo.

Como acá no estamos hablando de entretenimiento sino de información, de manejo histórico, se infiere lo siguiente: piensan que una cosa es la mentira emotiva del día a día y otra, la reflexión para un público selecto. Para la gran masa el engaño y para la minoría cineclubista las poderosas razones del campesino que se declara en rebelión.

sábado, 15 de abril de 2017

La Mujer del Animal : duele en el alma.



Nota del bloguero: Alberto Ramos, nuestro habitual colaborador, se lanza ahora en un análisis al alimón. Advertimos que el texto contiene spoilers



Por: Alberto Ramos Garbiras (*) y Ernesto Pino Londoño (**)

 La historia gira a partir del año 1975 y se extiende durante 7 años, en Medellín y uno de sus barrios marginales (gran parte de la filmación se realizó en la zona de Jerusalén, en la frontera con el municipio de Bello); los hechos violentos hacen parte de conductas desclasadas, en medio de un submundo de personas excluidas, sin escolaridad y sometidos al atraso. La violencia delincuencial del personaje y su pandilla es  anterior al auge del narcotráfico que acarreó otras formas de violencia y otra ferocidad en las comunas de los cerros; la violencia de los años 70s conllevaba a los asaltos callejeros, al  carterismo, al abigeato, al hurto común, a la violencia urbana rutinaria con múltiples formas de acción para subsistir una pandilla de maleantes.
La película es argumental y con puestas en escena, pero semeja a ratos un documental; se trata de cine sobre la realidad, basado en una historia verdadera. Una película brutal sobre una realidad descarnada; avanza la narración a punta de madrazos y con situaciones sórdidas. Un drama psicológico lleno de maltratos y vejámenes contra la víctima principal y las víctimas aleatorias por la práctica del actor principal, de raptar jovencitas, poseerlas, dominarlas o desecharlas. La escena del rapto y violación grupal durante la fiesta de cumpleaños con otra víctima, ultrajado a todos los asistentes, es la más cruel y diciente de ese modus operandi.

Es una película enmarcada por dos ciencias sociales, la sociología y la psicología. Sin ser una radiografía familiar ni un retrato psicológico, logra las dos cosas porque la familia de Libardo Ramírez(El Animal), aunque lo cuestionan y critican, le admiten todo, lo toleran y protegen; y ése grupo familiar con cada uno de los integrantes es diseccionado en la película permitiendo al espectador adentrarse en las costumbres y forma de pensar de ellos; también la película al mismo tiempo describe toda una comunidad barrial en medio de una geografía de pendientes, casas de invasión de desarrollo incompleto, calles polvorientas, vericuetos, forma de vida, hábitos, lenguaje  procaz, vecinos que van repoblando el sitio como migrantes unos y otros como desplazados de varias violencias, y el vestuario de sus habitantes: todo ello conforma una subcultura. Los escenarios registran un ambiente de total marginalidad.
Víctor Gaviria trabaja con actores naturales, no necesariamente del mismo entorno y de la misma condición que los protagonistas, pero si de origen popular, escogidos los actores principales y secundarios de estratos similares y sin experiencia, pero con dotes innatas para desenvolverse, seleccionados de un casting o pruebas de actuación, este ha sido el procedimiento para las películas “Rodrigo D, No futuro”, “La Vendedora de rosas”, “Sumas y restas”. Así seleccionó a Natalia Polo (Amparo) y a Tito Alexander Gómez (Libardo), y sin ser una película coral, introduce un gran número de figurantes.
El director Víctor Gaviria describe a través de la película " La mujer del Animal", a una mujer bajo el dominio absoluto de un hombre montaraz, bárbaro, inculto, de conductas desviadas, agresivo y extremadamente machista. Es la historia de un secuestro con todos los ribetes de violencia y ensañamiento ante la debilidad de la víctima, aprovechándose el delincuente del miedo de ella y de la comunidad que, ni ayuda ni denuncia, utilizando las amenazas y respaldado por un grupo de matones que se asocian para delinquir en gavilla. Un secuestro donde no aparecen las autoridades, no hay investigación policial. Prácticamente un secuestro público a diferencia de tantas películas sobre secuestros de mujeres donde el secuestrador las oculta para usarlas como esclavas sexuales y saciar su animalidad, pudiendo burlar a las autoridades. Aquí no, el secuestro  que se inicia con rapto y violación es conocido por familiares y habitantes del sector.
 Hay unos pequeños errores de continuidad en varias escenas. Una falta de marcar la transición de un tiempo a otro,  sin elipsis indicativas.  Como el embarazo de ella que no se ve y súbitamente se produce el parto. Y otros momentos de la vida de la protagonista en el decurso de los 7 años. Cuando se termina de ver este largometraje del cineasta colombiano Víctor Gaviria, uno descansa con una pequeña sonrisa en los labios, que simplemente significa que esta ficción de cine, anclada en la realidad, ha hecho justicia con su final y el protagonista, El Animal, tuvo su merecido : la total impunidad conlleva a esa reacción.

Este sentimiento de simple espectador es compartido con varios comentarios que se han escuchado en las últimas semanas en que se ha proyectado la película y que de manera acertada han considerado que esta filmación es “dolorosa”, “denunciante” y  “vertiginosa”. Si sumamos los tres factores, diríamos que es una  buena película y que por razones de nuestra sociología colombiana tan desconcertante, trágica y confusa, todos deberíamos ver, para aprender aspectos crueles y desobligantes de la cultura sobre la mujer que afecta todavía a un sector grande de los migrantes que a diario llegan a las grandes ciudades y que se instalan en ellas sin ningún atenuante, sin ninguna guía: como si fueran una carga tirada desde un avión y  un “defiéndasen como puedan”.
Es la historia de los migrantes que hicieron la transición campo-ciudad a la fuerza, tras la expulsión liberal-conservadora en la primera violencia de finales de los años cuarenta, extendiéndose en los cincuenta y sesenta del siglo 20, que le quitó a los campesinos desterrados : la tierra, el pan y los hijos.Y los dejó huérfanos de alma y vida para siempre.
Con esas raíces llegó El Animal a Medellín en la década del 70 del siglo pasado, con una carga de dolor y resentimiento que fue la hoguera principal de su comportamiento criminal: a sus padres los asesinaron en la violencia liberal-conservadora en el municipio antioqueño de Argelia. Es el antecedente principal de una historia cierta.
El Animal busca refugio y guarida en una de las comunas de Medellín que en esa época apenas se consolidaba e inicia una vida delincuencial y que para efectos de la historia de la película, engaña, seduce, secuestra, viola, somete y se apodera en cuerpo y alma de una niña de igual procedencia, Amparo. A El Animal, todos temen y a pesar de la "solidaridad" de los vecinos en medio de su pobreza, el miedo le gana a la justicia; y la devoción cristiana de la población no se rebela: así se desenvuelve el filme hasta su final.
 Porque durante la proyección el espectador está sometido a una suma de vejámenes de El Animal a su presa, a quien llama abusivamente su mujer (Amparo): Como puede el ser humano soportar tanta ignominia?, hasta el punto que en un momento Amparo escribe o mejor garrapatea una frase angustiante en un cuaderno sacado de un basurero, dirigida a Dios: “Señor, que estoy haciendo, que estoy pagando”.
Dentro del rebusque económico de la gente, incluye en crecimiento, la presencia de bandas delincuenciales de poca monta. Porque el sentimiento del miedo paraliza. Incluso los familiares de El Animal lo reconocen: “Todos le tenemos miedo”. Significativo también en la escena del bar La Sirena, donde sus compinches se rinden a sus caprichos. Hasta su madre le teme y lo justifica y le devuelve la culpa a Amparo: “que le estas dando a mi hijo, que lo tenes como enyerbao”, para tapar la ignominia de su hijo.
La  gente "asegurada" en sus  cambuches solo puede mirar por las hendijas de latas y tablas de madera, un futuro negro y sin esperanza: no son pobres, son miserables enfrentados al hambre y la promiscuidad. La película resalta costumbres de la subcultura,  como la utilización de brebajes malignos del que fue víctima Amparo para entregársela a El Animal. y otras prácticas o comportamientos. Hasta la música que recrea y disipa está en contra de la población con los mensajes decadentes de la música de carrilera que expresa machismo y desolación: música que disculpa los desafueros de El Animal.
 Este trabajo cinematográfico a su vez denuncia,  nos muestra a los habitantes urbanos de la gran ciudad,  la vida de los migrantes y desplazados en situación excluyente, dolorosa y cruelmente pobre: la película registra magistralmente tomas panorámicas,  macrovistas de Medellín con toda su fortaleza urbana y luego los contrasta con todas las debilidades de las comunas, caminos de herradura, tugurios sin servicios y una población sin esperanzas y sin trabajo. Solo por esa razón la película es una experiencia que se debe mirar en las salas de cine, para que historias increíblemente brutales como esta, no se repitan Pero se siguen dando, aunado a ello la situación de vulnerabilidad porque ocupan zonas sin presencia estatal y de riesgo , expuestos a los desastres como el que se acaba de presentar en Mocoa.
La película es vertiginosa porque desde que se inicia mantiene la tensión y la atención del espectador y solo se espera que llegue el final y El Animal pague sus crímenes. Esta población sometida por el miedo a un desadaptado criminal, celebran con alegría, con tapas de ollas y con voladores, la muerte de El Animal. Es una celebración a la manera de justicia popular ya que la justicia en la ciudad no funciona. Es el único momento en toda la proyección, que Amparo descansa, le agradece a Dios como si hubiese llenado sus pulmones de aire nuevo para expulsar toda su amargura y  agradada con la muerte de su victimario va acercándose al cuerpo sin vida de El Animal, se agacha, le susurra al oído : “Gracias Señor, por haberme escuchado”.
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 (*) Fue columnista de cine del periódico El País durante 10 años; realizó estudios de historia del cine en Suecia (1982) y edición cinematográfica en España (1983), becado por FOCINE y el ICETEX-.

 (**)Economista, con especialización en marketing social . Miembro del CPE Centro de Pensamiento Democracia y Postconflicto. Coautor de otros artículos de cine, como “Todos tus muertos” y “el soborno del cielo”.