sábado, 11 de octubre de 2014

De Cinefilia, Youtube y Vértigo

(Introducción al Diplomado de Actuación para Cámaras y Dirección de Actores. Estudios Takeshima Cali Octubre 2014)
Mi generación vio cine desde siempre. No me refiero a los mensajes audiovisuales de la televisión. Hablo de las películas de largometraje.  Y en dobletes, además. Hoy, escucho a los profesores de bachillerato quejarse de que los chicos no aguantan más allá de 15 minutos de cine y quedo en stop motion. Quizás nosotros éramos más contemplativos. Pre-modernos, al fin. Entonces la televisión apenas despuntaba como industria y el invento del Control remoto nos sorprendería cuando ya no nos interesaba mucho. O ya estábamos intoxicados de cine. La cinefilia no tenía reversa.

Peter Greenaway ha dicho que el cine murió el 31 de septiembre de 1983  (fecha oficial del lanzamiento comercial del control remoto). Ese día, el cerebro del ser humano se partió en pedazos y viajó a la post-modernidad. Pasó de la totalidad a la fragmentación.  De la Unidad a la sopa de letras. No quiero decir con esto que seamos mejores. Lo terrible para nosotros, es que corremos el riesgo de ir atrasados con respecto a las nuevas miradas, al discurso crossover.
Nos tocó hacer cursos acelerados de filminutos, de multimedia y de IPhone. Pero la paradoja del asunto (y es ahí cuando la serpiente se muerde la cola)  es que el cine inició así: con filminutos de una calle cualquiera, con 59 segundos de gente abandonando una fábrica. Antes de eso, en la prehistoria, Tomas Alva había filmado un estornudo de 20 segundos. Toda una conquista épica del siglo XIX.  “El hombre imaginario” del que habló Edgar Morin en un clásico texto se ha transmutado en muchos hombres imaginarios. Múltiples miradas. Combinaciones insólitas de géneros, soportes y exhibiciones.

Sin embargo, frente a este panorama que apenas inicia con Youtube y que no sabemos a dónde nos va a llevar, el cine clásico sigue siendo un bálsamo.  Puede un chico de bachillerato soportar “El Pequeño gran Hombre” con casi tres horas de duración donde Dustin Hoffman atraviesa un siglo de existencia y arranca con 20 años de edad para llegar a 120? Donde el General Custer muere loco soñando con el exterminio de los aborígenes  mientras éstos lo atraviesan,  a él y a sus hombres,  a flecha limpia?  
Hoy vemos, en reestreno personal,  a “Vértigo” y descubrimos nuevas cosas, nos descubrimos a nosotros mismos, nos delatamos en la barriga (que cada vez se parece más a la de Hitchcock).
Y que tiene que ver esto lo que hoy nos convoca? Que tiene que ver con la narración? Todo. Para ilustrarla una pequeña anécdota:

En un Festival de Cine, Terry Gilliam abordó el eterno tema del cine de poesía y el cine de prosa. Dijo que siempre le increpaban que el cine se había vuelto monótono y monotemático queriéndose parecer a la literatura y a la cuentería.  Con una sonrisa macabra, propuso:

-      Ok , viajemos en el tiempo . Quienes me acompañan?  Nos llevamos unos expertos mercenarios , de esos hacen “operaciones limpias”. Nuestra misión es matar a Chaplin , Griffith, Mack Sennett y demás cultores del cine narrativo. Luego secuestramos a Monet,  Picasso y a Dalí y los obligamos, fusil en mano, a que hagan películas a su manera. A que realicen pintura en movimiento.

Al sonreír, como sonríe Gilliam, daba a entender que inevitablemente el cine llegaría a narrar en imágenes. A contar una historia y a robar. A robar a todo el mundo, porque es el arte saqueador por excelencia. De esos asaltos es que hablaremos en esta primera parte.