jueves, 22 de octubre de 2015

¡Que viva la música!: Los camajanes las prefieren rubias- 2ª Parte

Escenas del capítulo anterior: La premier estuvo muy concurrida. Asistieron todos los matices caicedianos que iban armados de leña y combustible suficiente para incinerar al equipo de producción y sus compinches herejes.

Te conozco bacalao
El término adaptación me parece bastante impreciso a pesar de ser utilizado en muchas áreas de estudio (desde la biología hasta la dramaturgia). Es más sensato hablar de re-lectura o, en términos hitchockianos : aportarle cosas nuevas al texto original. De ahí que un adaptador no es más que un lector cualificado a quien le encomiendan la innoble tarea de descuartizar al autor. Fuerte, fuerte, hacha y machete.
Una buena re-lectura es la que elimina aquello eminentemente literario (la lírica, por ejemplo) y se queda con las imágenes, los personajes y los conflictos potentes.
Ya dijimos que, por principio de realidad, a la producción de la película  le tocó olvidarse de Los Rolling Stones por un lado y de la época caicediana por otro.
¿Qué le quedaba entonces a Charlie Brown y a Mr. Towers?  Tenían en sus manos  un personaje inolvidable y unos personajes secundarios que le ayudan a descender al infierno.
Y ese es el mayor acierto de ésta re-lectura. María del Carmen es un personaje universal y atemporal. Como lo es Madame Bovary , como lo es Joseph K.
El guión se toma licencias audaces. Sucede en el año 2013 pero con elementos anacrónicos: el acetato, el tornamesa, el amplificador de tubos, el niche que facha rufa. Elementos que sobreviven al tiempo y que, incluso, han resurgido a pesar de la revolución digital. Pero eso es mera ambientación como lo es en Blade Runner (1982, Scott), donde conviven la chatarra y las estaciones espaciales.
Lo realmente importante es una joven que se desclasa, que renuncia a una vida acomodada y se lanza al goce.  La Ley paterna, representada en un parco David Guerrero, se encuentra presente pero ausente. Es una Ley tenue, desdibujada.
Entonces viene el desborde. No importó la música electrónica en concubinato con la Sonora Ponceña, porque el guión nunca se desvía. Nunca suelta al personaje. Es la decadencia espiritual y física de una chica play que renuncia a la comodidad. Y  ese goce absoluto  lleva, inevitablemente, a la muerte.
La puesta en escena nos traslada allá, al delirio de la carne. Porque no se trata de sufrir me tocó a mí en esta vida (la chica lo tiene todo, materialmente hablando), sino de transitar de hombre en hombre, de viajar de piel en piel,  hasta matar y comer del muerto.

Ahora vengo yo
En Cali existen dos antecedentes similares en largometraje de ficción: Tacones (1982) y Ciudad delirio (2014).  Son antecedentes fallidos, que han quedado como testimonio de un cine sin alma. Por eso se agradece que el trio Brown-Towers-Warrior, hayan ejecutado una obra autónoma, inspirada en el texto de Caicedo pero actualizándolo, revalorándolo y agregándole una voz propia.
 La iluminación no es de postal turistera , como tampoco existen movimientos de cámara y de grúa que quiten el aliento. Los ojos nunca se alejan de la trasformación de María del Carmen. En su mal ejemplo, en su anarquismo absoluto que, con un centímetro más, rayaría en la apología al delito. A pesar del bailoteo, a pesar de las orgías, a pesar  de yo-hago- lo-que-me-da-la-gana, ella va triste y vacía.
 Como se sabe, la novela es un largo monólogo. A mi juicio, es más teatral que cinematográfica. Entonces, como solucionar ese monólogo interior que es eminentemente teatral?
Existen voces en off que molestan porque no hacen más que resaltar lo que el espectador está viendo en imagen. Pero éstos anti-consejos y  diatribas nos van mostrando la convicción espiritual del personaje para educar en la mala conducta. Es la lucha de la joven que se negó a envejecer. María del Carmen es la tambor de hojalata del trópico que prefiere alinearse con la muerte, cuando la moda es alinearse con la causa o con el melodrama.

Convergencia
 Usualmente se cree que hay que respetar al autor y que una adaptación exitosa es la que guarda fidelidad al texto. Pienso exactamente al revés. Dado que es imposible meterse en la cabeza del literato, lo mejor es subvertirlo, implotarlo, para sacar de ahí una película que se defienda sola. Testimonio de ello lo da Orson Welles al re-leer El Proceso de Kafka, Arturo Ripstein con El coronel no tiene quien le escriba de Gabo y Akira Kurusawa con Ran-Rey Lear de Shakespeare.  Hay fuego en el 23.



Para finalizar, el bolerazo Gentle Rain de Richie Ray y Bobby Cruz, de la banda sonora de la película



Leer primera parte picando aquí