viernes, 2 de mayo de 2014

Mas Delirios de ciudad

Nota del bloguero: Nuestro amigo Alberto Ramos- abogado, cinéfilo y garciamarquiano - aporta mas delirios de ciudad.

Ciudad Delirio


Por: Alberto Ramos Garbiras 

Si el cine colombiano pretende erigirse en el contexto internacional con películas como esta, lo que haremos es retroceder. “Ciudad Delirio” se enmarca en el género de comedia musical, la banda sonora salva la película del fiasco: hay música permanente de Willie Colón, Guayacán, Fruco y sus tesos, el grupo Niche; salsa a tutiplén, bailes, coreografía y la vida nocturna de Cali, parcialmente mostrada. Es una película cuya sinopsis se puede resumir en tres renglones: una mujer separada que sostiene a su hija con una academia de baile, le toca soportar a su ex marido haragán como parejo de un concurso, y está atraída por un español que dice trabajar en la farmacología y posa de médico.

Julián Villagrán es el actor español que le colocan de galán a Carolina Ramírez, pero resulta más un gañán, desaliñado, lento, torpe: anti galán y mal actor. Las impertinencias del ex marido, Alex Castillo, según el guion impide el comienzo del romance con el español,  actúan con una timidez y pudor poco creíble.

En el Blog Pajarera del Medio, Pedro Adrian Zuluaga, expresa de forma crítica que, Nuestro cine ha decidido participar de manera activa en una cierta distribución de imaginarios geopolíticos que han quedado reflejados en iniciativas como la ley “Filmación Colombia”. En este reparto está claro a quién le corresponde qué parte. Así, la simetría de esta película con el poder es escandalosa: Colombia ha decidido jugar una posición subordinada como economía extractiva y de servicios, y en Ciudad delirio están mostradas las cartas de ese programa político”. En la visión española de la directora Chus Gutiérrez, apócrifa, sin méritos en la filmografía española, Cali es una cantera para lograr nutrir de chicas a los españoles. Una ciudad multiservicios, rumbera y sin pensamiento crítico.

 Ciudad delirio es una película sin historia se encascara en la sinopsis, los personajes se estancan, no evolucionan, la ciudad no existe, excepto las buenas tomas del barrio obrero y una escena donde suena la canción “las caleñas son como las flores”, donde aparecen en un montaje dinámico, mujeres de todas las razas producto de la multiracialidad que habita en la ciudad, pero no se muestran otros sitios relevantes de la ciudad. Es la película más sosa del cine colombiano. Por edulcorar la vida de los protagonistas muestran una ciudad descontextualizada de la cruda realidad violenta que vive y del complejo multiculturalismo en medio de colonias de inmigrantes agolpados en una ciudad que creció en las laderas  y la parte oriental sin planeación.

Subutilizan a la actriz Carolina Ramírez, asediada por dos bobalicones. Una actriz que ha demostrado su aptitud actoral en producciones como La Pola, una actriz capaz de interpretar cualquier papel y aquí la desperdician. Otros dos actores colombianos hacen papeles decorosos en medio de un guion que no los deja desenvolverse como están acostumbrados: Vicky Hernández y Jorge Herrera. El único valor de la película es mostrar a través de una escuela de baile, como microempresa, el funcionamiento en Cali de estos sitios, verdaderas empresas artesanales que, tiene la ciudad unas 120 de ellas; en diciembre salen al salsódromo y e turismo ha crecido por esta empresa rumbera con espectáculos mejores que los de Cuba, en Varadero y el mismo  Teatro Nacional.

La película es un comercial convertido en largometraje. Un largo spot sobre una carpa-salsa. Es una propaganda desvergonzada de un circo que en la práctica no le da espacio real a esas escuelas populares que pretende retratar en la película, y han creado un monopolio. En la película concursan para poder lograr acceso a la carpa salsera, porque desde allí se decide quienes saben bailar, no en los barrios populares. Muy superior fue la película caleña “Tacones” del director Pascual Guerrero, rodada a comienzos de la década de los años 80s, un musical con argumentación.


Jorge Eduardo Suárez, en el BLOG “las Dos Orillas”, nos dice que, “Cuando comenzó la campaña de expectativa de Ciudad Delirio, la película “colombiana” que abrió el Festival de Cine de Cartagena y que se estrenó a mediados de abril, se avizoraba un gran filme. La combinación entre Cali, Salsa, grupos de baile y un poco de sensualidad; iba a generar una narración que le hiciera honor a esa riqueza cultural que han construido los caleños en torno a los ritmos afroantillanos. La película prometía introducirnos en el delirante mundo de los coleccionistas de discos, o en la epopeya de los jóvenes de las barriadas caleñas que con grandes dificultades han construido espectáculos dignos de Broadway. Hablar de la Salsa y Cali hizo pensar hasta en el “agúzate” con el que Andrés Caicedo pretendía despertar a Cali en la década del 70”. Y comparando la producción televisiva Bazurto con ciudad delirio, afirma que,” Ambas producciones, lejos de limpiar de prejuicios las culturas populares locales y darles la dignidad que merecen, las envilece más y de paso a nuestro país. La novela y la película están claramente diseñadas para el mercado internacional. Están construidas desde la mirada del europeo, es decir, de cómo él es superior al caos reinante”.

1 comentario:

Sandra Peña Zapata dijo...

Por primera vez se realiza una película que destaca uno de los aspectos positivos de la ciudad de Santiago de Cali, donde no se enfrascan en mostrar solo la parte negativa de la violencia que han dejado el narcotráfico, la delincuencia común y la exclusión social; es triste leer críticos mediocres como el que ha realizado esta valoración que quieren tirar todo por la borda solo porque bajo su subjetivo análisis no se cumplieron todas sus expectativas, es mejor no prestar atención a personas acartonadas y amargadas como este personaje