martes, 10 de junio de 2008

Sucedio un dia de los Inocentes...





Aquel día de los inocentes de 1895 los hermanos Louis y Auguste Lumière realizaron la primera exhibición pública de un aparato definido por ellos como una “máquina para obtener y proyectar pruebas cronofotográficas”. Durante el mismo año, habían realizado dos proyecciones privadas de sus películas (en la Sociedad Francesa de Fomento a la Industria Nacional, en Marzo, y en el Congreso Francés de Fotografía, en Junio).
Pero la función programada para el 28 de Diciembre era otra cosa. El sitio elegido: el Gran Café del Boulevard de los Capuchinos, de París. Ese día, maravilloso y lleno de luz, nació el rito social del cine. Los 33 espectadores, que pagaron un franco por ver la novedad, se convirtieron en los primeros cinéfilos de la historia.
Louis, dos años menor que Auguste, pregonó desde un principio que el cine sería un “invento pasajero, que no tiene futuro”. Para fortuna de la humanidad, la profecía no se cumplió. Desde entonces se inventaron muchos juguetes que, más que reemplazarlo, lo innovaron.
El cine se hizo luz e inició un largo recorrido para definirse como arte. Nació debiéndole a cada arte una vela, tratando de construir un lenguaje propio, un conjunto de códigos que le diera identidad. Su inmediato antecedente era la fotografía. Solo que con el cine nacía el misterio del movimiento.

Y fue definido como “El séptimo arte” porque allí se encuentran reunidos los otros seis. El lenguaje cinematográfico es una sucesión de robos: al teatro le robó la dramaturgia y la dirección de actores, a la música la banda sonora, a la fotografía la luz, a la arquitectura la noción de estructura, a las artes plásticas los decorados, a la literatura el guión.

De ahí, que haberse convertido en sitio de encuentro de las demás artes le da un carácter de arte integral. Un director de cine no solo debe tener la sensibilidad del poeta y formación en dramaturgia sino algo de gerente para coordinar toda una tropa bajo su mando. Una buena película es la que saca provecho de todos esos “robos” y los combina de tal manera que cuenta una historia que a su vez conmueva y haga reflexionar al espectador.
“Quiero pensar en lo específicamente cinematográfico- se preguntaba Stanley Kubrick- en aquello que el cine no le ha usurpado a nadie” . Acto seguido se respondía a si mismo: “El montaje” .
El montaje entendido como la manera como el director arma el rompecabezas y dota a la historia de vida propia. Muchas películas con planteamientos interesantes han muerto en el montaje, así como otras se han salvado allí.
La anécdota que mejor lo ilustra es la de “Psicosis” (1961). Hitchcock se había impuesto el reto de realizar una película de terror en blanco y negro. Sabía que en ese género el director cuenta con el elemento grotesco del color de la sangre. La escena de la ducha, donde el psicópata acuchilla a la dama, era el elemento central de la trama. La junta de censura encontró la escena demasiado violenta y dio la orden perentoria de mutilarla. Para Hitchcock, mutilar la escena era prácticamente eliminar la película en su totalidad entonces los convenció de mutilarle solo los planos violentos, dejando los que sugirieran el ataque. Se fue a la sala de montaje y nada mas cambio el orden de los planos sin eliminar ninguno, agregándole unos violines chillones como banda sonora. Los censores quedaron satisfechos.