viernes, 24 de marzo de 2023

DIAS DE RADIO: EL LOCUTOR EN SU SALSA

 

Mi generación es hija de la radio. Los hogares podrían carecer de nevera, lavadora y televisor, pero eso sí, el radio inmenso dominaba la sala. Era el orgullo de la casa. Desde las cinco de la mañana, resonaban las noticias. Locutores que lanzaban un “¡Alerta!” porque la noticia era importante. Cuando nos despachaban para la escuela, las mamás y las tías afinaban el oído y el corazón, para seguirle la pista a las radionovelas de la mañana.

El noticiero del mediodía actualizaba la tragedia que aún no había sucedido en la madrugada y en la tarde reaparecían los melodramas. A las 5 de la tarde el país se paralizaba por “Kalimán” . Confieso que nunca me entusiasmó este hombre increíble del turbante. ¿La razón? Pues, ¿Qué diablos hacía un cuarentón, buen mozo, de ojos azules y fornido con un niño de 9 años que no era su hijo, que no era sobrino, que no era ahijado? Preferíamos salir a coger grosellas por los lados de la autopista Simón Bolívar. A medida que avanzábamos entre los chamizos, ensayábamos la parodia e imitábamos al narrador de voz rasgada:

“ Kalimán y Solín llegaron a aquella mansión desolada ( sonido de grillos y croac, croac). Presos del cansancio se tumbaron sobre la vieja hamaca ( croac, croac) . De repente , el grito de Solín rompió el silencio”:

-      No , Kalimán, por allí no Kalimán. Me duele, Kalimán

“Arandú, el príncipe de la selva”, me caía mejor. Siempre andaba con indias torsidesnudas, voluptuosas, dispuestas a flechar al enemigo.

Una de las imágenes que siempre llevo en la memoria, es la de la familia concentrada escuchando la radio y todos mirando fijamente al aparato. No porque pensaran que de allí saldrían imágenes. Nada de eso. Simplemente miraban a un punto fijo para imaginar la historia, para irla poniendo en escena y no perder concentración.

Los locutores de emisoras musicales eran caso aparte. Nadie en mi barrio tenía teléfono, de manera que se dependía del teléfono publico de la esquina. Ese aparato era la única interacción con el mundo. El ciudadano se aperaba de monedas y del papelito que contenía miles de teléfonos. Si fallaba alguno, se llamaba a otro. Coronar la fila era un triunfo épico. Y el momento esperado era cuando el locutor lanzaba su onda hertziana:

-      Reportando oyentes potentes en el barrio El Guabal, José le dedica a Carolina “Mi sueño” del gran Willie Colón. Radio Tigre una fiera en sintonía.

La radio fue perdiendo fuerza a medida que se impusieron las audiovisuales. La multiplicación de canales televisivos y de las plataformas le han quitado oídos. Aquí, mi pequeño homenaje a los tesos de los tímpanos. Aquel tiempo cuando la radio tenía chorros de voces.

https://www.youtube.com/watch?v=n4tCySmR0KU&t=58s




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