Foto: Ventana Indiscreta |
Fabio Restrepo llegó al
cine porque a Víctor Gaviria se le dañó el carro. En una de esas, Víctor le
puso la mano a un taxi. Al volante iba Fabio, lo llevó a Laureles, barrio
central de Medellín. El taxista no lo reconoció y le puso charla como a todo el
mundo. Se consideraba un chofer-cuentero. “En esos tacos tan malucos, lo mejor
es ponerle tema a la gente para que se distraigan y se rían un poco”
Se pusieron a hablar de
traquetos y Fabio le contó que un familiar suyo había trabajado con Pablo
Escobar y que uno de sus pasatiempos consistía en apuntar en un cuaderno las
anécdotas que le contaba. “Algunas historias eran charras, otras macabras”
Fabio Restrepo conversa con Jaime Osorio , otro teso contador de historias. En el Festival de cine de Cartagena .Foto: Ventana Indiscreta |
El maestro quedó
atrapado con los relatos garrapateados a mano y lo citó a casting. Tenía preseleccionados a algunos posibles actores, pero ninguno lo convencía
plenamente.
Fabio se convirtió, de la
noche a la mañana, en protagonista de la película “Sumas y restas” que clasificó a
la selección oficial del festival de San Sebastián. Fue el año de “Las tortugas
también vuelan” y esa asombrosa poesía llamada “Carta de una mujer desconocida”.
El ex – Taxi Driver asistía por primera vez a un Festival de cine de alta
alcurnia.
“Fíjate vos, que me hospedé en una habitación contigua a Jeff Bridges, le dije a un amigo que tuviera la cámara lista. Cuando Jeff salía yo me iba atrasito, a corta distancia, y gesticulaba para que en la filmación pareciera que estábamos charlando muy amigablemente”
En el festival de cine
de Cartagena ganó el premio a mejor actor, derrotando al archifavorito Flaco
Solórzano. En el discurso se puso a llorar y dijo su famosa frase: “Yo me gané
el Baloto sin comprarlo”
En “Sumas y restas”
había una escena donde el mafioso se bañaba en peloto con varias fufurufas. La
esposa se puso mosca. Mujer brava, de las más bravas de Medallo.
-
Usted
no va a filmar esa cochinada Fabio, ome
-
Eso es
de mentiritas, mi amor
-
De
mentiritas? ¿Y es que ese aparato no se la va a parar o qué?, olvídese, papito.
Como será de brava que
Víctor, el tipo más paciente que conozco, decidió eliminar la escena.
-
Así no
Fabio- le grita Marcela bañada en lágrimas- me estás haciendo daño. Hay
técnicas.
-
Yo no
estudié nada. Yo soy actor natural. No conozco esas técnicas.
El director lo llama
aparte y manotea haciendo el visaje de que lo regaña, pero le dice con disimulo
y medio:
-
La
escena no se va a repetir por lo que filmaré a tres cámaras. Haga lo suyo.
Fabio vuelve al ataque y
hace lo suyo. “Marcela se larga a llorar y todos me miraban como si yo fuera Hannibal
Lecter, ome vos. Reclamé mi paga y me fui pa’ la casa. Afortunadamente no tenía
más escenas. Pero como te parece que dos meses después me llama la productora,
invitándome a la fiesta de fin de rodaje. Yo me fui suavecito acompañado de mi
esposa, por si las moscas. Voy llegando y Marcela se viene directo y pensé: ‘me
va a cachetiar’. Que va, me saluda de mucho beso y me dice que ya vieron la
escena, que quedó de rechupete”
Ese era Fabio , un
cuentero nato. El cine llegó a su vida por casualidad. Y la casualidad, de la maldita pandemia, se lo llevó.
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