El cine y el
psicoanálisis son hermanos. El primero nació en 1895 y el otro en 1900. Ambos
se abrieron paso en un mundo difícil. El cine llegó cuando se pensaba que ya existían
la totalidad de las artes. La revolución industrial trajo la clase obrera y también
trajo la diversión barata para la clase obrera. Por coincidencias del
destino, una de las primeras películas que se filman es “Obreros saliendo
de la fábrica”. El psicoanálisis se abría paso a codazos en medio de la mirada
desconfiada de la física, entonces la reina de las ciencias.
El crecimiento de los
hermanos fue paralelo. Y en algún momento se encontrarían. Porque ambos
dependen de los sueños. O mejor, ambos están hechos del mismo material de los sueños,
para acudir al viejo Shakespeare.
Es curioso que uno de los
primeros en buscar a Freud no fuera director, ni guionista sino el productor de
productores Samuel Goldwyn. Recordemos que este calvo de la Metro-Goldwyn-Mayer
(MGM) mantenía loco buscando argumentos. “Tráiganme clichés nuevos”- gritaba a sus
guionistas. Freud no lo atendió. Era un momento en que el cine apenas
balbuceaba, no era tomado en serio.
II
Es una lástima que a
Freud no le alcanzara la vida para ver “ Un Perro Andaluz”, por ejemplo, donde
se condensa gran parte de su mundo. Los surrealistas tomaron al psicoanálisis
como una de sus banderas. Sentían que “La interpretación de los sueños” prácticamente
estaba escrito para ellos.
El gordo Hitchcock, ya
establecido en Hollywood, se convirtió en un fans del psicoanálisis y no dudó
en rodar “Spellbound” con Ingrid Bergman y Gregory Peck , nada menos. Convertido en el primer thriller psicoanalítico
de la historia del cine, Spellbound exploraba la relación paciente- terapeuta y
sirvió, de paso, para que el joven Salvador Dalí diseñara los sueños y uno de
los besos mas bellos que se han visto.
Luego sería JP Sartre,
sin haber nunca escrito un guion, el que le metiera muela a la historia de “Freud:
pasiones secretas”. Estando en el cine club de la Universidad, Estanislao Zuleta
se ofreció a dirigir el foro después de la proyección. Llegó con el guion original
en francés y fue traduciendo algunas partes que escribió Sartre pero que eran
imposibles de filmar, párrafos filosóficos a la altura de “Guerra y Paz” de
Tolstoi. El guion cayó en las manos de
John Huston que se sorprendió de la calidad literaria, aunque cuestionó la duración
que tendría la película y la cantidad de mutilaciones que habría que hacerle. Era
un mamotreto de 3000 páginas que había que condensarlo. Huston desechó el 80% y
se concentró en Freud joven, treintón, temeroso de su propia existencia. La película
se encuentra en un terreno donde Huston se movía como pez en el agua: la duda,
la posibilidad el fracaso. A pesar de ser una excelente película, Sartre abominó de ella cuando
la vio y pidió ser sacado de los créditos.
Desde entonces muchos
directores han acudido al psicoanálisis como pretexto dramático. Woody Allen tiene
varios apuntes mordaces: “ El psicoanalista me pidió que te dejara, pero estas
tan bella que mejor dejo a mí psicoanalista” . Precisamente el guionista de “Annie
Hall”, Marshall Brickman ha realizado una de las mejores apariciones de Freud. En
“ Lovesick” , el psicoanalista interpretado por Dudley Moore se enamora de la histérica
y hermosa paciente Elizabeth McGovern. De ahí se va a los profundos infiernos
de la ética y en cada secuencia se le aparece Freud como un espanto,
interpretado por Alec Guinness.
Se puede decir que varios
directores contemporáneos se encuentran en la línea psicoanalítica: De Bertolucci
a Polanski, de Cronenberg a Moretti .
Para finalizar, existe
una rareza filmada por Herbert Ross “Elemental mi querido Freud” . Es un
encuentro ficticio entre dos investigadores, un mano a mano de dos maniáticos del detalle. Y esperemos que la serie que anuncia Netflix para este año, se
encuentre a la altura.
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