“En las calles congestionadas de ruletas, fritangas y mesas de lotería, y hombres con culebras enrolladas en el cuello que pregonaban el bálsamo definitivo para curar la erisipela y asegurar la vida eterna; en la placita abigarrada donde las muchedumbres habían colgado sus toldos y desenrollado sus petates, apuestos ballesteros despejaron el paso a la autoridad. Allí estaban, en espera del momento supremo, las lavanderas del San Jorge, los pescadores de perla del Cabo de Vela, los atarrayeros de Ciénega, los camaroneros de Tasajera, los brujos de la Mojana, los salineros de Manaure, los acordeoneros de Valledupar, los chalanes de Ayapel, los papayeros de San Pelayo, los mamadores de gallo de La Cueva, los improvisadores de las Sabanas de Bolívar, los camajanes de Rebolo, los bogas del Magdalena, los tinterillos de Mompox”
(Los funerales de la Mamá Grande. GGM)
Explotó la
noticia en la radio: “La niña Dora Lilia Núñez , de Piendamó ( Cauca) asegura
haber visto a la virgen María en la cañada que se encuentra detrás de su casa”
. Entonces, la radio tenía un poder absoluto en los barrios. El Padre Hurtado Galvis,
era “tendencia” como se dice ahora. Todos los días, alentaba a los feligreses,
porque “la voz del prójimo es la voz de los que no tienen voz”.
Hurtado
Galvis, el primer sacerdote mediático, armó buses a bajo costo Cali-Pendamó-Cali
. Incluía una noche de alojamiento y los tres golpes. “Porque tuve hambre y
me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui peregrino y me hospedaste…”
Mi viejo, compró dos pasajes, tarifa plena. Siete buses repletos de groupies, eufóricos, recorriendo unos 100 kilómetros de viaje iniciático a la santidad. “Es María la blanca paloma...”.
Entre
Piendamó y el Santuario Dorita, hay 2 kilómetros. Pero era imposible transitarlo en
el bus. El hormigueo de la gente era una especie de Woodstock, en concierto
celestial. Tocó bajarse y caminar bajo el sol picante de agosto. Unos caminaban
de rodillas sobre la carretera destapada, otros iban cantando. Las mas cuchas,
lloraban. Mas tarde, ya en bachillerato, el
profe Lobón nos puso a leer “Los funerales de la Mamá Grande”
y encontré la descripción perfecta del alboroto que generan apariciones sagradas
en un pueblito olvidado de Dios .
Cuando, por fin,
coronamos la entrada, bajamos en silencio hacia la cascada donde había sucedido
la aparición cinematográfica.
Yo, un pelao
que apenas cursaba la primaria, me emberracaba ver como los marcianos llegaban
a Los Ángeles pero nunca a mi barrio, veía como los cabezones nos excluían a
nosotros, tercermundistas, y renegaba de que aquí nos habían dejado el
espectáculo deprimente de la aparición de la virgen, en una mancha en la pared,
en un plato de sopa. Yo, que maldecía nuestra suerte de pobres, estaba ad
portas de llegar al mismísimo sitio donde la madre de Dios, se había
manifestado a una niña campesina de 10 años de edad.
La gente
comenzó a gritar “Dorita, Dorita” , esperando que entrara a cuadro, que hiciera
la aparición estelar, como debía ser, y así justificar tremendo viaje y
tremenda inversión.
Dorita,
alcanzó una especie de balcón improvisado, llevada de la mano por el cura mediático.
Unos dijeron que levitaba, otros que tenía una aureola alrededor de su figura
como si fuese diseñada en Corel Draw. Confieso que me causó un impacto angelical.
Allí estaba, sonriente, saludando a la multitud, idéntica a Lucy, mi amor
platónico de la escuela San Roque.
2024
Hoy, en las calendas de octubre, he vuelto a la casa milagrosa. Todo muy ordenado. Los peregrinos vienen en busca del agua del nacimiento que, por esas cosas del calentamiento global, no es mas que un chorrito, tipo grifo. Prenden la vela, pidiendo un deseo y oran en el altar.
Iván, el chico del mantenimiento, me dice que una de sus
funciones en la casa es no dejar que muera el nacimiento de agua. Nacedero, guadua y fumigación con ají y tabaco. "Cuando se seque esa cañada, como las cientos de cañadas que se
secan a diario en Colombia, la fe se nos va a ir para el carajo"- le digo, santiguándome.
La saludé y
le pedí una entrevista. “Sólo tengo 5 minutos”- me dice . Si mis cuentas no fallan,
debe tener 63 años. Dos hijas y marido bacteriólogo. Viste una túnica blanca,
de novicia, que deja entrever el vestido de flores. Ya me habían contado que estudió pregrado y maestría.
De manera, que estoy frente a una dama a la que se le apareció la virgen, pero que se supo
formar. Es maestra de escuela.
Le digo que
la recuerdo como esa niña de los dientes montados. “Nunca tuve los dientes
montados”- me aclara.
“Ah,
entonces la de los dientes montados era Lucy”- suspiro, mientras acomodo la
cámara.