Mostrando entradas con la etiqueta cinema paradiso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cinema paradiso. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de enero de 2025

LA VIDA DE LOS OSCARES Y LOS DIRECTORES CANÓNICOS

Ahora, que han aplazado los premios Oscar, hay tiempo para revisitar la lista de las ganadoras a mejor película Internacional , desde 1947, fecha en que se instauró esta categoría. Quería saber que tanto aguantan el paso del tiempo las películas galardonadas.

 Me encuentro con "Ladrón de Bicicletas" (1949). “Rashomón” (1951). Aclarando que es sólo a partir de 1954 que el premio es competitivo, es decir que hay nominadas. Antes del 54 se declaraba a dedo.

Fellini hizo seguidilla en el 56 y el 57 con "La Strada" y "Noches de Cabiria", EL 64 con “8y1/2” y repitió en el 76 con "Amarcord" ( el maestro Federico se apuntó lo que en el futbol se llama un “Póker”), el amado Jacques Tati ganó en el 58 con "Mi tío",  obra maestra indiscutible, Ingmar Bergman también siguió de largo en el 60 y el 61 con "El manantial de la doncella" y "Como un espejo" y repitió en el 83 con "Fanny y Alexander". El maestro sueco también estuvo presente en otras categorías, cuando “Gritos y susurros “ganó a mejor director y “Fresas salvajes “y “Sonata de Otoño” a mejor guion original.

En el 74 Truffaut lo ganó por “La noche americana”. En el 73 don Luis Buñuel se alzó con la estatuilla por “El discreto encanto de la burguesía”

Eso, por nombrar a los directores canónicos que lo han ganado.

De las rarezas, me gusta “La diagonal del loco” (1984) , una sabrosura sobre el ajedrez . Otra rareza: “Karácter” (1997) (la adaptación del libro que más leímos en la juventud , La carta al padre kafkiana)

Latinoamérica ha subido al podio 4 veces. Dos argentinas (“La historia oficial” 1985 y “El secreto de sus ojos” 2009). Una chilena ( “Una mujer fantástica” 2017) . Y una mexicana ( “Roma” 2018)

De la historia reciente, tengo mis afectos: “Cinema Paradiso” 1989, (quizás la película más querida en esta categoría), “Belle epoque” 1993 (brillante comedia en medio de la guerra civil española), “Las invasiones bárbaras” , 2003 ( homenaje a los profes locos de filosofía).

Este año, entregará el cetro “Zona de interés”, 2024.

 Y ya ven, está bastante cotizado el premiecito.  Para mirar las pre-nominadas de este año, a mejor película internacional  pique aqui  

viernes, 21 de junio de 2024

TEATRO ASTURIAS II PARTE: "Soltá al muchacho" !


Lo bueno de las redes es que, al publicar, la gente va aportando detalles. Los comentarios apuntaron a un protagonista: Omar Montes. Por fin supimos, gracias a los lectores, que, en el teatro Asturias, nació la leyenda de los proyeccionistas caníbales.

Trabajé con muchos de ellos. Cárdenas del Aristi. Bolívar Mosquera del Calima. El “mono cenizo” de El Cid. Colorado en Palos de Moguer. Y el maestro Carlos Santiago, que es el único proyeccionista de 35 m.m que se encuentra vivo y lúcido. El último de los Mohicanos. Si hay más, que avisen para hacer una rumbantela mecánica en 70 m.m.

 Es cierto que los proyeccionistas eran tipos solitarios. El retrato que hace Tornatore en "Cinema Paradiso" es todo un acierto: "Pasas los días aquí encerrado y te aprendes las películas de memoria" - dice un melancólico Philippe Noiret interpretando a Alfredo.

En “Cinema Splendor” , Mastroianni administra una sala de cine que está en las bajas . El proyeccionista, interpretado por Massimo Troisi (el inolvidable Cartero de Neruda), al enhebrar la película en el proyector, suspira con nostalgia: "El cine es un espejo pintado."

Imagínate una cabina que generaba un calor como un asadero de pollos. Proyectando la misma película durante meses. El récord en Cali lo Tiene "La Ley del monte” con 18 meses en Cartelera. Le sigue de cerca "La niña de la mochila azul", " My fair Lady" y "El Cid".

Se merecen un homenaje. Porque el cine era el único arte que se daba el lujo de tener clones de Meliés en todas partes. El proyeccionista de cine era un bicho raro mezcla de plomero, electricista y brujo. Podía hablarte de óptica sin ser físico, de cine sin ser cinéfilo, de acústica aun siendo sordo, de lentes siendo miope. Era un showman con alicate en mano. Era el hombre del carreto y de la luz.

Los vi muchas veces adaptar una cuchara o un tenedor para reparar un proyector, porque sabían que los repuestos se demoraban y que de ello dependía su empleo. La gente los felicitaba cuando la película era buena, como si ellos la hubiesen filmado. Cada vez que escuchaban las carcajadas del público, sentían que valía la pena aguantar esa soledad.

Los jefes les daban un día libre cada semana y muchos se metían a otro teatro. Bolívar Mosquera, el proyeccionista del Teatro Calima, se sabía los pasos de baile de Resortes y las ocurrencias de Tin Tán. "El cine de ahora no me gusta" - repetía. Y si, cuando la película se enredaba, en la pantalla se dibujaba un huevo frito y la gente le gritaba: "Soltá al muchacho, soltá al muchacho". Todo porque, con Omar Montes, nació la leyenda.

Para leer la primera  parte vaya a:

 https://ventanadelcine.blogspot.com/2024/06/el-teatro-asturias-pionero-del.html

miércoles, 18 de enero de 2017

De las lágrimas en el cine



Yo lloro en el cine desde siempre. En una de las primeras películas que vi en el Teatro Las Vegas del barrio Colón, un hombre descendía por una montaña mientras lo arropaban a plomo por todos los costados. El hombre dejaba ir el cuerpo colina abajo  y viajaba de  árbol en árbol. Malherido, no les daba gusto a los verdugos y aplazaba la muerte mientras se desangraba. Era un forajido del lejano oeste y aunque el sheriff asumiera que el bandido “se lo había buscado”, todos llorábamos con moco de bomba. Nada justificaba tal carnicería. 

Las películas de Jesucristo eran un campeonato aparte. Cada latigazo lo sentían las señoras en carne viva: “No le peguen más, por Dios!!!  Y ese llanto convertía aquella sala vetusta en una especie de 4D como las de ahora donde vas a 200 km por hora, te mojas y te disparan en la nuca.
En mi top de lacrimógenas no pueden faltar: “Los puentes de Madison”, “Cinema Paradiso” y “Érase una vez en Amèrica” . Curiosamente, las dos últimas con bandas sonoras de Ennio Morricone. En “Érase..” sucede una escena antológica: el chico menor va bailando porque los pilluelos han coronado un botín. Ante el estruendo de un balazo, el  chico cae y sólo atina a decir en primer plano: “Me resbalé…”. No queda ojo seco en la sala.

No es el cine el que inventó las lágrimas. Ya se lloraba en la tragedia griega, en el Teatro isabelino, en la ópera, en la novela… Pero las películas lo logran de una manera más poderosa porque existe allí una combinación de todas las formas de emoción.
El espectador de cine mira por una ventanita éstas vidas ajenas, éstos desencuentros e infelicidades y  llora por identificación (“eso ya me pasó a mi”) o por temor (“eso me puede pasar a mí en cualquier momento”). Si un dramaturgo, escritor o guionista logra sacarnos las lágrimas, se debe dar por bien servido. Ha logrado golpearnos la garganta y el corazón.