viernes, 25 de julio de 2008

YO SOY OTRO: LA GUERRA INTIMA




Por: José Urbano
ventana@telesat.com.co



"Yo soy otro", ópera prima del caleño Oscar Campo, contiene múltiples referencias. Es una película hipertextual, llena de signos, de atajos, de relaciones insólitas y sin embargo, puede en medio de todo ese collage contar una historia.



Hace algunos años Terry Gilliam aconsejaba a los jóvenes realizadores no pelear con el hecho de contar una anécdota y ponía un ejemplo:
"Supongamos que contratamos a unos mercenarios para viajar en el tiempo. Tienen la misión de encontrar a David Griffith, a Melies, a Porter y demás pioneros del cine. Los agarran y los ponen en celdas, los incomunican. Y deben encontrar a todos los artistas plásticos disponibles y obligarlos a que se tomen el cine”. De esta manera la pantalla del cine se convertiría en un gran lienzo y el cine tomaría un rumbo distinto, no sería un arte de masas.
La paradoja de esta fantasía es que, a pesar de todo, terminamos contando una historia. Entre más se pelea por contar una trama (con inicio, desarrollo y fin), mas se afirma la narración.



Peter Greenaway suele gritar a los cuatro vientos: "El cine no existe porque todas las películas son iguales a Casablanca. El cine es un arte repetitivo que en 100 años de vida aún no ha dado un equivalente a Picasso"



De manera, pues, que el cine se encuentra en la encrucijada: o contar otra vez la misma trama de "Casablanca" o pensar en fragmentarse, romper la narración, recurrir a nuevos significantes.
"Yo soy otro" nos recuerda a todos que el cine ha forjado su historia a punta de robos. Si no fuera por los saqueos a la literatura, a la música, a las artes plásticas, el cine no habría podido construir un lenguaje. Ahora el cine se propone volver a saquear a sus vecinos. Bien sea el lenguaje del video, el clip, la multimedia, la televisión y al ensayo literario.

Pero "Yo soy otro" no solo es un delicioso crossover. Es una obra intelectual, a veces muy calculada, con encuadres impecables. Me atrevo a pensar que sus orígenes son más literarios que cinematográficos. Porque varias películas colombianas han mirado nuestro conflicto interno pero ninguna lo ha hecho desde el género del ensayo literario. Mientras me asaltaban las imágenes era inevitable no pensar en un Orlando Fals Borda, William Ospina o en Arturo Alape. Solo por citar algunos de nuestros ensayistas históricos que fueron mas allá del análisis momentáneo de nuestra violencia.
Aunque hemos tenido maravillosos cronistas-historiados-violentólogos, nuestros políticos y nuestros periodistas se quedaron en un esquema maniqueo donde es más fácil vender la idea telenovelesca: el problema de Colombia es una guerra entre buenos y malos. Si, por poner un caso, usted ingresa a los foros de los periódicos colombianos se encontrará con la semilla del fascismo, con el germen de la intolerancia absoluta.



Oscar Campo se atreve a realizar una película difícil de clasificar: es un documental con puesta en escena?, un collage hipertextual? un ensayo cinematográfico? una nueva ola latinoamericana? Podrían ser todas las anteriores y más.



EL JUEGO DE LOS ESPEJOS



"Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo."



Así se inicia el cuento " El otro yo" de Mario Benedetti. Allí, el muchacho corriente se enfrentaba al reconocimiento de un doble exacto que, desafortunadamente, se suicida. Benedetti no es el único ni el ultimo en recurrir a la figura del doble. Pensamos en Borges cuando se encuentra en una banca a su doble exacto pero en tiempos y espacios diferentes. En Poe, en Alicia traspasando el espejo…



"Yo soy otro" toma prestada esta figura para contarnos que a diario nos mutamos en otro o en otros. La guerra sin sentido que se libra en Colombia desde hace tiempo tiene su origen en el espejo. José González puede ser un sujeto al levantarse y alguien muy distinto al acostarse. Es increíble como la gente que opina en los foros virtuales se transforma como una balsa al garete, porque existe una lectura emocional de los hechos, mas no hay rigor histórico. Un forista puede ser en la mañana un izquierdista y en la tarde un facho recalcitrante.



Los noticieros, siempre prestos a apelar a la lagrima fácil y a la defensa de las buenas costumbres, se han convertidos en programas ahistóricos. No existe contexto alguno porque las tragedias suceden a tal velocidad que el ritmo de la narración se vería alterado si se explican las raíces de la enfermedad. Además, el jefe (casi siempre un monopolio) se encuentra encima mirando con lupa cualquier desviación del mensaje.



En ese sentido, Oscar Campo ha sido absolutamente consecuente al realizar una película desde el lenguaje académico, desde el discurso de la cátedra universitaria. Es un profesor que realiza video (esta vez da un paso adelante realizando video inflado al cine). En "Yo soy otro" existe una coherencia entre la forma, el tratamiento de la imagen, y los personajes multiplicados, asfixiados en un relato lleno de fracturas. Una película que no es complaciente con el espectador bajo ningún punto. Hay agresión visual, el relato cabalga a contracorriente con lo que el espectador consume a diario. En nuestro tiempos globalizantes, los documentales se convirtieron en algo aséptico, distantes, donde predomina la falsa objetividad del plano general.



Campo se atreve a realizar un contracampo, un ensayo literario de cámara- stylo con la técnica del video clip moderno. Quizá los dos únicos antecedentes en el cine colombiano los encontramos en "Colombian Dream" de Felipe Aljure y "La sombra del caminante" de Ciro Guerra. Lo que en Aljure es un viaje alucinógeno, en Ciro es pura poesía.



UN ASUNTO PÚBLICO



Siendo Oscar Campo un outsider, un bicho raro dentro de la industria audiovisual colombiana, se le plantea el reto de enfrentar su discurso cinematográfico en la pantalla comercial. Por ello, algunas reacciones inmediatas a la proyección:



"Todos nos hemos sentido perseguidos alguna vez en este país: bien sea guerrilla, paramilitares, policía, ejercito o pandillas. Esto nos ha llevado al miedo latente además de albergar en nosotros mismo la semilla del mal"



"Una propuesta clara y coherente de lo que debe ser una película política, lástima que este discurso tan complejo solo le llegue al espectador que ya está en el debate. Lástima que la misma idea no se le brinde de una manera más digerible al gran público."



"Es un "Club de la Pelea" a la caleña y elevada a la cien"